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*●*Oráculo de Sueños*●*Nunca dejes de sonreir, ni siquiera cuando estás triste, porque nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa... |
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Mudanza Y por fin me decidí y cree un Vox
Hace mucho, muchísimo tiempo que lo deseaba, pero por seguir fiel a este Spaces ni siquiera lo había intentado.
En fin, de todas formas voy de poquíto, llevando mis pilchas y acomodándome a gusto. Veré si logro mejorar mi redacción (que hasta ahora deja mucho que desear, para ejemplo este post), pero ya me decidí, solo espero poder seguir un ritmo regular.
So, que igual no es como que mucha gente lea este blog, pero si es que alguna vez, alguien aterriza por estor lares, pos ya sabe donde encontrarme
Nos vemos (supongo) Sara Gallardo (otro link más para Google)[II intento]
Hace algun tiempo (cosa de meses) que paseando por la blogosfera, me encontré con este artículo. Me pareció que, tal como lo dice el link, era patético. Lo guerdé en mi compu para no olcvidar lo prejuiciosa e ignorante que puede ser la gente.
Pues el caso es que hoy, dándome otra vuelta por internet, descubrí que esta... señorita, es mucho más conocida de lo que imaginaba.
Un cómic dedicado a ella, fotomontajes varios (¡¡Qué viva el photoshopeo'!!), una página propia en Frikipedia (valga la rebundancia), la infaltable discusión de foro, porque los foros dan para todo y claro, las bien merecidas respuestas, porque si es por exagerar a los personajes, los frikis saben (o sabemos) hacerlo mejor que nadie, y su fotografía da mucho para iluminar a la musa.
Así que, la próxima vez que quiera burlarse de alguna tribu urbana, étnia, grupo, etc, intente no hacerlo con aquel que domina Internet, ya que todos sabemos que quien domina internet domina el mundo (y sin ayuda alienígena).
Con la cantidad de opiniones vertidas sobre este seudo-articulo, pasará a la historia del anti-periodismo, seguro que hasta lo traducirán a todos los idiomas conocidos para que el resto del mundo tambien pueda sentirse ofendido y pu****la de lo lindo. No se puede decir que no sea famosa, ne?
El pasado de Fay
Simple...mente...
¿Simplemente el hecho de haber nacido, ya es un pecado?
El sólo hecho de ser gemelos... el mero hecho de haber nacido juntos... ¡¿Ya nos hace pecadores?!
Incluso si vamos a un País diferente... ¿lo mismo sucedería allí otra vez?
Personas inocentes... personas que no tienen nada que ver con todo esto... ¿Podrían morir por nuestra culpa?
Sólo por la simple razón de que ambos estamos juntos... ¡¿Sólo porque nosotros dos aún estamos vivos?!
MUCHAS PERSONAS MÁS MORIRÍAN TAMBIEN ¿SÓLO POR QUÉ... ¡¿SÓLO POR QUÉ AÚN ESTAMOS CON VIDA?!
¿Realmente somos pecadores... por el sólo hecho de vivir?
Tsubasa ~Reservoir Chronicle~
Vol. 20 - Cap. 157 Palabras parlanchinasDE ACUERDO A SU ESCRITURA, USTED:
Es un individuo con sentido de la economía. Prudente. Con cierto apego a la familia. Algo tímido.
Sociable. Extravertido. Decidido. Audaz. De contactos fáciles. Con tendencia al ahorro. Sobrio, cortés. Simpático y gentil. Con sentido común, sencillez y amor por la justicia. Con capacidad de organización y realización. Sociable. Con equilibrio emocional. Afectuoso. Sensible. De fácil adaptación a las situaciones en general. Espontáneo. Amable. De carácter natural y expansivo. Adaptable. Con tendencia a la colaboración y la solidaridad. Comunicativo. Expresivo. Pasivo. Con poca energía y vitalidad, al menos en el momento de realizar este escrito. Rasgos de cansancio. De inteligencia observadora y reflexiva, recoge los datos, los clasifica y luego interviene en las cosas y en los hechos. De buena presencia de ánimo, busca el acuerdo entre los intereses materiales y afectivos. Se mueve con sobriedad y precisión, sin agitarse. De buena memoria y sentido del humor. Con buenos dotes para el razonamiento deductivo. Facilidad de asimilación e integración de conocimientos. Cualidades para la investigación, la clasificación y el análisis. Memorioso. Con Tendencia al contacto social. De carácter espontáneo y natural. Tiende a aceptar los hechos y las situaciones con el mayor grado de adaptación posible, aunque puede oponerse a todo lo que considere inmoral o injusto. No huye ante el esfuerzo. Soñador. Suele dispersarse. Algo débil físicamente. Con poca energía. Al menos al momento de realizar el escrito. Estudio grafológico gratuito - www.grafologico.com Que vivan los Memes!! xDRe-transmitido desde el blog de CaRoLiNa
La tarea es la siguiente:
a) Agárrese el libro que tenga más cerquita, b) Váyase hasta la página 123, c) Ahora a la quinta oración. d) Cópiese las siguientes tres oraciones y publíquelas en su blog. e) Nombre libro y autor, y póngasela de tarea a otros tres. Primer intento: El Rey de los Atunes... lástima que solo tenga 79 páginas
Segunda opción: Robinson Crusoe... ne ^^
Y la tercera es la vencida:
"No queremos acusar a nadie injustamente, pero sospechamos que la Viuda Dowd tiene ahora uno más de los que debía.
El señor Weaver pintó su granero y sus dos silos de un color zapallo fuerte, terriblememnte feo, pero dice que con el tiempo se desteñirá.
Los Brewer tienen visitas esta semana: la hermana de la señora Brewer y dos sobrinas de Ohio."
Papito Piernas Largas
Jean Webster
No es una de las partes más emocionantes de la historia, pero bue...
Ahora, lo de la tarea es un poco más difícil, soy muy antisocial... así es que si alguien descubre este blog, meme incluido, no dude en robárselo y seguir propagándolo por la blogósfera
El Hombre ImaginarioEl hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes, tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su Amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón de hombre imaginario.
Nicanor Parra El debut de Paul PottsUna excelente forma de pasar el calor del Verano, realmente causa escalofríos
Y otro detalle, la canción de fondo la había estado buscando hacía meses, sin poder acordarme del título, ni el autor, ni la letra, ni nada...
I Don't Wanna Miss a Thing ~ Aerosmith
El Regalo de los Reyes Magos Un dólar y ochenta y siete centavos. Eso era todo. Y setenta centavos estaban en céntimos. Céntimos ahorrados, uno por uno, discutiendo con el almacenero y el verdulero y el carnicero hasta que las mejillas de uno se ponían rojas de vergüenza ante la silenciosa acusación de avaricia que implicaba un regateo tan obstinado. Delia los contó tres veces. Un dólar y ochenta y siete centavos. Y al día siguiente era Navidad.
Evidentemente no había nada que hacer fuera de echarse al miserable lecho y llorar. Y Delia lo hizo. Lo que conduce a la reflexión moral de que la vida se compone de sollozos, lloriqueos y sonrisas, con predominio de los lloriqueos.
Mientras la dueña de casa se va calmando, pasando de la primera a la segunda etapa, echemos una mirada a su hogar, uno de esos departamentos de ocho dólares a la semana. No era exactamente un lugar para alojar mendigos, pero ciertamente la policía lo habría descrito como tal. Abajo, en la entrada, había un buzón al cual no llegaba carta alguna, Y un timbre eléctrico al cual no se acercaría jamás un dedo mortal. También pertenecía al departamento una tarjeta con el nombre de "Señor James Dillingham Young".
La palabra "Dillingham" había llegado hasta allí volando en la brisa de un anterior período de prosperidad de su dueño, cuando ganaba treinta dólares semanales. Pero ahora que sus entradas habían bajado a veinte dólares, las letras de "Dillingham" se veían borrosas, como si estuvieran pensando seriamente en reducirse a una modesta y humilde "D". Pero cuando el señor James Dillingham Young llegaba a su casa y subía a su departamento, le decían "Jim" y era cariñosamente abrazado por la señora Delia Dillingham Young, a quien hemos presentado al lector como Delia. Todo lo cual está muy bien.
Delia dejó de llorar y se empolvó las mejillas con el cisne de plumas. Se quedó de pie junto a la ventana y miró hacia afuera, apenada, y vio un gato gris que caminaba sobre una verja gris en un patio gris. Al día siguiente era Navidad y ella tenía solamente un dólar y ochenta y siete centavos para comprarle un regalo a Jim. Había estado ahorrando cada centavo, mes a mes, y éste era el resultado. Con veinte dólares a la semana no se va muy lejos. Los gastos habían sido mayores de lo que había calculado. Siempre lo eran. Sólo un dólar con ochenta y siete centavos para comprar un regalo a Jim. Su Jim. Había pasado muchas horas felices imaginando algo bonito para él. Algo fino y especial y de calidad -algo que tuviera justamente ese mínimo de condiciones para que fuera digno de pertenecer a Jim. Entre las ventanas de la habitación había un espejo de cuerpo entero. Quizás alguna vez hayan visto ustedes un espejo de cuerpo entero en un departamento de ocho dólares. Una persona muy delgada y ágil podría, al mirarse en él, tener su imagen rápida y en franjas longitudinales. Como Delia era esbelta, lo hacía con absoluto dominio técnico. De repente se alejó de la ventana y se paró ante el espejo. Sus ojos brillaban intensamente, pero su rostro perdió su color antes de veinte segundos. Soltó con urgencia sus cabellera y la dejó caer cuan larga era. Los Dillingham eran dueños de dos cosas que les provocaban un inmenso orgullo. Una era el reloj de oro que había sido del padre de Jim y antes de su abuelo. La otra era la cabellera de Delia. Si la Reina de Saba hubiera vivido en el departamento frente al suyo, algún día Delia habría dejado colgar su cabellera fuera de la ventana nada más que para demostrar su desprecio por las joyas y los regalos de Su Majestad. Si el rey Salomón hubiera sido el portero, con todos sus tesoros apilados en el sótano, Jim hubiera sacado su reloj cada vez que hubiera pasado delante de él nada más que para verlo mesándose su barba de envidia. La hermosa cabellera de Delia cayó sobre sus hombros y brilló como una cascada de pardas aguas. Llegó hasta más abajo de sus rodillas y la envolvió como una vestidura. Y entonces ella la recogió de nuevo, nerviosa y rápidamente. Por un minuto se sintió desfallecer y permaneció de pie mientras un par de lágrimas caían a la raída alfombra roja.
Se puso su vieja y oscura chaqueta; se puso su viejo sombrero. Con un revuelo de faldas y con el brillo todavía en los ojos, abrió nerviosamente la puerta, salió y bajó las escaleras para salir a la calle. Donde se detuvo se leía un cartel: "Mme. Sofronie. Cabellos de todas clases". Delia subió rápidamente Y, jadeando, trató de controlarse. Madame, grande, demasiado blanca, fría, no parecía la "Sofronie" indicada en la puerta.
-¿Quiere comprar mi pelo? -preguntó Delia. -Compro pelo -dijo Madame-. Sáquese el sombrero y déjeme mirar el suyo.
La áurea cascada cayó libremente.
-Veinte dólares -dijo Madame, sopesando la masa con manos expertas.
-Démelos inmediatamente -dijo Delia.
Oh, y las dos horas siguientes transcurrieron volando en alas rosadas. Perdón por la metáfora, tan vulgar. Y Delia empezó a mirar los negocios en busca del regalo para Jim. Al fin lo encontró. Estaba hecho para Jim, para nadie más. En ningún negocio había otro regalo como ése. Y ella los había inspeccionado todos. Era una cadena de reloj, de platino, de diseño sencillo y puro, que proclamaba su valor sólo por el material mismo y no por alguna ornamentación inútil y de mal gusto... tal como ocurre siempre con las cosas de verdadero valor. Era digna del reloj. Apenas la vio se dio cuenta de que era exactamente lo que buscaba para Jim. Era como Jim: valioso y sin aspavientos. La descripción podía aplicarse a ambos. Pagó por ella veintiún dólares y regresó rápidamente a casa con ochenta y siete centavos. Con esa cadena en su reloj, Jim iba a vivir ansioso de mirar la hora en compañía de cualquiera. Porque, aunque el reloj era estupendo, Jim se veía obligado a mirar la hora a hurtadillas a causa de la gastada correa que usaba en vez de una cadena.
Cuando Delia llegó a casa, su excitación cedió el paso a una cierta prudencia y sensatez. Sacó sus tenacillas para el pelo, encendió el gas y empezó a reparar los estragos hechos por la generosidad sumada al amor. Lo cual es una tarea tremenda, amigos míos, una tarea gigantesca. A los cuarenta minutos su cabeza estaba cubierta por unos rizos pequeños y apretados que la hacían parecerse a un encantador estudiante holgazán. Miró su imagen en el espejo con ojos críticos, largamente.
"Si Jim no me mata, se dijo, antes de que me mire por segunda vez, dirá que parezco una corista de Coney Island. Pero, ¿qué otra cosa podría haber hecho? ¡Oh! ¿Qué podría haber hecho con un dólar y ochenta y siete centavos?."
A las siete de la noche el café estaba ya preparado y la sartén lista en la estufa para recibir la carne.
Jim no se retrasaba nunca. Delia apretó la cadena en su mano y se sentó en la punta de la mesa que quedaba cerca de la puerta por donde Jim entraba siempre. Entonces escuchó sus pasos en el primer rellano de la escalera y, por un momento, se puso pálida. Tenía la costumbre de decir pequeñas plegarias por las pequeñas cosas cotidianas y ahora murmuró: "Dios mío, que Jim piense que sigo siendo bonita".
La puerta se abrió, Jim entró y la cerró. Se le veía delgado y serio. Pobre muchacho, sólo tenía veintidós años y ¡ya con una familia que mantener! Necesitaba evidentemente un abrigo nuevo y no tenía guantes. Jim franqueó el umbral y allí permaneció inmóvil como un perdiguero que ha descubierto una codorniz. Sus ojos se fijaron en Delia con una expresión que su mujer no pudo interpretar, pero que la aterró. No era de enojo ni de sorpresa ni de desaprobación ni de horror ni de ningún otro sentimiento para los que que ella hubiera estado preparada. Él la miraba simplemente, con fijeza, con una expresión extraña.
Delia se levantó nerviosamente y se acercó a él.
-Jim, querido -exclamó- no me mires así. Me corté el pelo y lo vendí porque no podía pasar la Navidad sin hacerte un regalo. Crecerá de nuevo ¿no te importa, verdad? No podía dejar de hacerlo. Mi pelo crece rápidamente. Dime "Feliz Navidad" y seamos felices. ¡No te imaginas qué regalo, qué regalo tan lindo te tengo! -¿Te cortaste el pelo? -preguntó Jim, con gran trabajo, como si no pudiera darse cuenta de un hecho tan evidente aunque hiciera un enorme esfuerzo mental.
-Me lo corté y lo vendí -dijo Delia-. De todos modos te gusto lo mismo, ¿no es cierto? Sigo siendo la misma aún sin mi pelo, ¿no es así?
Jim pasó su mirada por la habitación con curiosidad.
-¿Dices que tu pelo ha desaparecido? -dijo con aire casi idiota.
-No pierdas el tiempo buscándolo -dijo Delia-. Lo vendí, ya te lo dije, lo vendí, eso es todo. Es Nochebuena, muchacho. Lo hice por ti, perdóname. Quizás alguien podría haber contado mi pelo, uno por uno -continuó con una súbita y seria dulzura-, pero nadie podría haber contado mi amor por ti. ¿Pongo la carne al fuego? -preguntó.
Pasada la primera sorpresa, Jim pareció despertar rápidamente. Abrazó a Delia. Durante diez segundos miremos con discreción en otra dirección, hacia algún objeto sin importancia. Ocho dólares a la semana o un millón en un año, ¿cuál es la diferencia? Un matemático o algún hombre sabio podrían darnos una respuesta equivocada. Los Reyes Magos trajeron al Niño regalos de gran valor, pero aquél no estaba entre ellos. Este oscuro acertijo será explicado más adelante. Jim sacó un paquete del bolsillo de su abrigo y lo puso sobre la mesa.
-No te equivoques conmigo, Delia -dijo-. Ningún corte de pelo, o su lavado o un peinado especial, harían que yo quisiera menos a mi mujercita. Pero si abres ese paquete verás por qué me has provocado tal desconcierto en un primer momento. Los blancos y ágiles dedos de Delia retiraron el papel y la cinta. Y entonces se escuchó un jubiloso grito de éxtasis; y después, ¡ay!, un rápido y femenino cambio hacia un histérico raudal de lágrimas y de gemidos, lo que requirió el inmediato despliegue de todos los poderes de consuelo del señor del departamento. Porque allí estaban las peinetas -el juego completo de peinetas, una al lado de otra- que Delia había estado admirando durante mucho tiempo en una vitrina de Broadway. Eran unas peinetas muy hermosas, de carey auténtico, con sus bordes adornados con joyas y justamente del color para lucir en la bella cabellera ahora desaparecida. Eran peinetas muy caras, ella lo sabía, y su corazón simplemente había suspirado por ellas y las había anhelado sin la menor esperanza de poseerlas algún día. Y ahora eran suyas, pero las trenzas destinadas a ser adornadas con esos codiciados adornos habían desaparecido.
Pero Delia las oprimió contra su pecho y, finalmente, fue capaz de mirarlas con ojos húmedos y con una débil sonrisa, y dijo:
-¡Mi pelo crecerá muy rápido, Jim!
Y enseguida dio un salto como un gatito chamuscado y gritó:
-¡Oh, oh!
Jim no había visto aún su hermoso regalo. Delia lo mostró con vehemencia en la abierta palma de su mano. El precioso y opaco metal pareció brillar con la luz del brillante y ardiente espíritu de Delia. -¿Verdad que es maravillosa, Jim? Recorrí la ciudad entera para encontrarla. Ahora podrás mirar la hora cien veces al día si se te antoja. Dame tu reloj. Quiero ver cómo se ve con ella puesta.
En vez de obedecer, Jim se dejo caer en el sofá, cruzó sus manos debajo de su nuca y sonrió.
-Delia -le dijo- olvidémonos de nuestros regalos de Navidad por ahora. Son demasiado hermosos para usarlos en este momento. Vendí mi reloj para comprarte las peinetas. Y ahora pon la carne al fuego. Los Reyes Magos, como ustedes seguramente saben, eran muy sabios -maravillosamente sabios- y llevaron regalos al Niño en el Pesebre. Ellos fueron los que inventaron los regalos de Navidad. Como eran sabios, no hay duda que también sus regalos lo eran, con la ventaja suplementaria, además, de poder ser cambiados en caso de estar repetidos. Y aquí les he contado, en forma muy torpe, la sencilla historia de dos jóvenes atolondrados que vivían en un departamento y que insensatamente sacrificaron el uno al otro los más ricos tesoros que tenían en su casa. Pero, para terminar, digamos a los sabios de hoy en día que, de todos los que hacen regalos, ellos fueron los más sabios. De todos los que dan y reciben regalos, los más sabios son los seres como Jim y Delia. Ellos son los verdaderos Reyes Magos. O. Henry / William S. Porter Gracias a la Vida ~ Violeta ParraGracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros, que cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el oído que en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios;
martillos, turbinas, ladrillos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano;
cuendo miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.
Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto
Así yo distingo dicha de quedranto,
los dos materiales que forman mi canto,
y el canto de ustedes que es el mismo canto
y el canto de todos, que es mi propio canto
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Cambio de Luz- ¿Y si resulta que mi desición no es correcta?
- Eso carece de importancia. Es tu decisión, y eso es lo que cuenta. Tú sentías que tenías que regresar conmigo, igual que Jack sentía que debía quedarse. El porqué, no me lo preguntes. Yo soy un shek, y por tanto, siempre me inclino por la opción más sensata. Él, en cambio, es un dragón, de modo que de vez en cuando ha de hacer algo sumamente noble y estúpido. Está en su naturaleza, no se lo tengas en cuenta
V. Buenas y Malas Noticias
Memorias de Idhún / Laura Gallego Hipnosisde las lágrimas ocultas,
dos ardientes miradas que se unen
como si no hubiera fin,
como si no hubiera mentira ni traición
Pupila contra pupila
arena contra marea
papel y pensamiento
relámpago de miel y azar
Miradas que lo dicen todo.
miradas que lo esperan todo,
que observan tras las rejas del destino
separadas por un abismo de niebla y sombras
La máscara de la indiferencia surca sus rostros
pero sus ojos, sus anhelantes ojos...
No hay necesidad de palabras,
de espacio, ni aliento
El despertar de un corazón
tras la fría pared de una armadura,
por las grietas del Amor.
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